jueves, 3 de junio de 2010

B.B. King

Ahí está. Casi noventa años y como el primer día. Un leve toque de púa, su inconfundible vibrato en la cuerda de su Gibson ES-335 (alias Lucille) con el dedo índice, y todo se estremece. Hasta él cierra los ojos para disfrutar del momento, como si no hubiese pasado el tiempo y siguiese de tugurio en tugurio por aquellos años cuarenta en Estados Unidos.

No me voy a engañar: el tiempo no pasa en balde. Pero está claro que por algunos pasa mejor que por otros. Estamos hablando de alguien que es capaz de cautivar a un teatro lleno a rebosar durante mas de una hora, con su música, sus bromas, y su complicidad con el público. Lo de su edad es lo de menos. Me resisto a decir que es el último de una era, pero lo cierto es que lo és. Su blues es de otro tiempo.

Hace años que vengo soñando con hacer esta foto, y como por arte de magia hace un par de días pude hacerla. No en las mejores condiciones, pero es lo que tiene esto, hay que adaptarse a lo que te dejan hacer. Esperé este momento en el que B.B. King hace un vibrato largo y tendido, porque para mi es "el gesto" de B.B. King. Ya tenía dudas de que se produjese en las dos primeras canciones que tenía autorizadas para disparar, pero casi al final de la segunda, vi que echaba la cabeza hacia atrás y me dije "ahí lo tienes". El vibrato del si bemol se clava en el corazón al mismo tiempo que los pelos se ponen de punta al disparar la cámara.

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