viernes, 1 de enero de 2010

Iluminación sencilla y barata

Hablar de iluminación en fotografía es hablar, normalmente, de muchos euros. Lámparas de luz continua, flashes de estudio,.... Cualquier elección siempre suele implicar desembolsar varios cientos o miles de euros en equipo. Cuando empezamos, sin embargo, podemos aprender mucho con los recursos que tenemos a nuestra disposición habitualmente.

Al principio, siempre que veía información sobre cómo iluminar retratos y bodegones en libros o páginas web, desistía de intentar probar nada, porque con frecuencia se hacía referencia a costosos equipos de iluminación, que no están al alcance de cualquiera. Sin duda los resultados obtenidos con ellos son muy buenos, cien por cien profesionales, pero al común de los mortales se le hace difícil desembolsar mas de 1.000 euros por alguno de estos equipos.

Pensé, sin embargo, que debía existir alguna alternativa que sin ser altamente "profesional", me permitiera jugar con el efecto de las luces. Éste artículo es el resultado de esa búsqueda. No descubro nada nuevo; muchos fotógrafos antes han experimentado con estas técnicas caseras, pero si hubiese encontrado información al respecto antes me hubiese ahorrado más de un dolor de cabeza. Por eso lo he escrito, para que sirva al menos como punto de partida y ánimo para que os lancéis a probar cosas.

Materiales de iluminación

En primer lugar, hablemos de los materiales que vamos a emplear. Como comentaba antes, en estudio se suelen utilizar flashes con alimentación externa y luces de modelado, que permiten una potencia de disparo considerable (se suele medir en Julios, y su equivalente en Número Guía es de un mínimo de 64 a un metro) como para poder reflejar la luz sobre paraguas y atravesar lasventanas de iluminación, sin una merma considerable de potencia lumínica. Otra posibilidad es usar luces continuas, que para entendernos son bombillas que cumplen unos determinados requisitos luminosos, como potencias de miles de watios a veces.

Estos elementos, paraguas y ventanas, son imprescindibles para dar suavidad a la luz, y que las sombras sean muy difusas. Un ejemplo claro de esto lo podéis observar en vuestra propia casa: colocar un objeto delante de una ventana sobre la que entre el sol directo, y después observar el mismo objeto poniendo una cortina (que deje pasar luz) sobre la ventana. Observaréis como el objeto (o persona) en la primera de las situaciones presenta rasgos muy acentuados; las sombras quedan perfectamente definidas y se marcan las aristas. Con la cortina cubriendo la ventana se desvanecen las sombras profundas y todo queda mas uniformemente iluminado. Este efecto es el que se consigue con los paraguas y ventanas en los flashes y equipos de luz continua, efecto que además se acentúa en el sensor digital o la película fotográfica, que tienen una menor latitud (capacidad para diferenciar entre luces y sombras) que nuestro ojo, con lo que algunas de las sombras mas pronunciadas aparecen en negro absoluto en la película.

Por eso se habla de luz dura y luz blanda; la luz dura es aquella que proviene de una fuente puntual, una bombilla desnuda o el sol de mediodía sin nubes, por ejemplo, y que provoca grandes sombras y acentúa todos los bordes y aristas. Normalmente mata los matices y texturas de las cosas (aunque si se proyecta cuidadosamente puede acentuar relieves). Una manera de eliminar todas esas sombras es proyectar luz sobre ellas desde otra fuente, que puede ser un flash o foco desde otra posición distinta a la principal o una simple superficie que refleje parte de la luz principal sobre las zonas de sombra. La luz blanda, por contra, no proviene de un lugar concreto, sino mas bien de una gran superficie; ejemplos de este tipo de luz es el sol tapado por las nubes o un flash reflejado en el interior de un paraguas de iluminación o un techo. Elimina sombras duras y tradicionalmente se ha venido usando para retratos, aunque algunos de los retratos que mas me han gustado de los que he ido viendo tenían una iluminación muy, muy dura. Ya sabéis que las reglas están para romperlas.


Y ahora, ¿qué?


Dicho todo esto a modo de introducción, ¿qué podemos hacer en nuestra casa, sin apenas presupuesto? Si os dáis cuenta, hemos estado hablando de costosos equipos de iluminación, pero también de cosas cotidianas como el sol, las bombillas. Los materiales para iluminar que mas a mano tendremos serán algunos de los citados anteriormente: la luz del sol, tamizada o no por cortinas, bombillas, papeles blancos para reflejar la luz,.... El problema habitual que tendremos, salvo que estemos en una zona ampliamente iluminada por la luz natural del sol, es que la potencia lumínica de estos elementos suele ser escasa. Vamos a empezar con una fórmula sobre la cantidad de luz que necesitamos para iluminar, obtenida empíricamente:
Con la luz arrojada por una bombilla doméstica de 100 vatios a una distancia de un metro aproximadamente podemos disparar a 1/60 de segundo con f2 en un objetivo de 50 mm.
Evidentemente, este cálculo deberíais hacerlo vosotros también, ya que puede variar según el tipo de bombilla usado, el foco que la rodee, etc. Dicho esto, resulta evidente que la inversión necesaria para empezar a iluminar no es excesivamente grande. Colocadas a la misma distancia, cada vez que dupliquemos la potencia lumínica obtendremos un diafragma adicional:

Potencia bombillasDiafragma a 1/60
100Wf2
200Wf2,8
400Wf4
800Wf5,6
1600Wf8

El incremento de potencia lo podemos emplear en cerrar el diafragma, consiguiendo mayor profundidad de campo, o aumentando la velocidad de disparo. Estos cálculos están realizados para una distancia aproximada de un metro. Recordad también que cada vez que dupliquéis la distancia tendréis cuatro veces menos luz, y perderéis dos diafragmas. Por ejemplo, con 1600 vatios a 2 metros tendréis f4 (dos diafragmas menos). Esto es importante, porque en la práctica 1600 vatios a un metro es como tener un pequeño horno en la cara (por la cantidad de calor que desprenden los focos necesarios).

Para obtener potencias del orden de cientos de vatios lo mas económico que he encontrado son unos focos rectangulares con una bombilla halógena en su interior que tiene forma de barrita. Los suelen vender en ferreterías, ya que se suelen usar para iluminar superficies de trabajo, fachadas de naves industriales, etc. Los que yo conozco tienen potencias de 300 y 500 vatios, y estos últimos suelen estar sobre los 10 euros de precio. Es decir, 1500 vatios por menos de 20 euros; no está mal ¿verdad?.

No obstante, habéis de tener en cuenta que las mediciones reales de luz disponble pueden variar (normalmente a la baja) con respecto a lo apuntado. Así, medidas reales realizadas con un fotómetro de mano indican que con un proyector halógeno de los que he mencionado anteriormente, de una potencia de 500W, a una distancia de un metro se dispone de 1/60 a f4, que según la medición primera debería conseguirse con solo 400W. Fotómetro en mano de nuevo, a dos metros la luz disponible era 1/60 f2, es decir, dos pasos menos exactamente. Eso ya lo sabíamos, pero siempre gusta comprobar empíricamente que la teoría es cierta :-)

Esas diferencias pueden ser debidas a que los proyectores o bombillas no den exactamente la potencia que anuncian o, con mayor probabilidad, a que la concentración o dispersión del haz de luz cambiará la cantidad de luz en un punto determinado (es lo que hacen los flashes de las cámaras fotográficas para dar mas potencia: concentrar el haz de luz).

Hasta aquí, todo parece muy bonito e interesante, pero hay que tener en cuenta alguna desventaja de este tipo de iluminación. La luz es muy dura, y tamizarla se me antoja complicado, ya que después de un rato encendidos el calor que desprenden es considerable. Cualquier papel que pongamos delante para suavizar la luz casi con toda seguridad arderá con el tiempo. Existen gelatinas especiales que resisten el calor, pero no son económicas, y se pierde la gracia del invento. Por otro lado, estar delante de estos focos tampoco es muy agradable, ya que la potencia y dureza de la luz que proyectan fuerzan al que esté delante a tener los ojos entreabiertos, además del problema del calor, que realmente es muy alto. Sin embargo, para realizar bodegones con objetos inanimados todos estos inconvenientes se desvanecen.




Temperatura de color

Hay otro pequeño inconveniente al usar este tipo de iluminación, y es que la temperatura de color de estas luces no son aptas para la película habitual de luz de día. Para profundizar más sobre el tema te sugiero que leas el artículo sobre temperatura de color. Resumiendo un poco, el problema consiste en que los colores no se registrarán en la cámara o película tal y como son en la realidad, sino que tenderán al amarillo/naranja. Las posibles soluciones, cuando se usa película fotográfica, son emplear un filtro corrector en el objetivo o película para luz de tungsteno. En el primer caso debemos tener en cuenta que los mencionados filtros nos restarán entre dos y tres diafragmas a la luz existente (son filtros de color azul mas o menos oscuros según la corrección necesaria). Como no andamos sobrados de luz, quizás lo mas sensato sea usar película para luz de tungsteno, y los pequeños ajustes posteriores de color pedir que los haga el laboratorio.

Con película para blanco y negro este problema de reproducción del color no existe, aunque determinadas películas pueden variar su sensibilidad cuando se usan con luz de tungsteno. No obstante, la reducción de sensibilidad no es tanta como para que pueda preocuparnos (normalmente alrededor de un tercio o medio paso), ya que es fácilmente corregible en la ampliadora/laboratorio.

Si dispones de cámara digital con balance de blancos, la solución es mas sencilla, ya que ésta se encarga automáticamente de ajustar la temperatura de color, o puedes hacerlo tu manualmente, que sería lo mas adecuado.




Resumen

En definitiva, se trata de empezar a experimentar con la calidad y cualidades de la luz para iluminar una toma fotográfica, sin tener que dejarnos el sueldo de un año en el intento. Todo lo que aprendamos en cuanto a direccionalidad y maneras de iluminar será siempre válido. Es más, con luz continua se aprende mucho mejor, ya que se ve en la práctica como va a quedar la toma, mientras que con flashes de estudio no siempre es así.

Para fotografiar personas este sistema muy incómodo, porque los focos desprenden un calor a veces insoportable. Seguramente con pantallas de luces fluorescentes se se obtendría suficiente potencia lumínica y nada de calor, pero antes de poder experimentar con ellas decidí dar el salto a la iluminación con flashes de estudio. Aunque algunas de mis últimas sesiones las he resuelto con una luz puntual de bombilla, y siempre que puedo uso la luz natural tamizada de un gran ventanal.

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